JUGADORES
ANÓNIMOS es un grupo de hombres y mujeres que comparten mutuamente la
experiencia, la fuerza y la esperanza que ellos pueden resolver su común
problema y ayudar a otros a recuperarse del problema del juego.
El
único requisito para ser miembro es el deseo de dejar de jugar. No hay ninguna
cuota u honorarios para ser miembro de Jugadores Anónimos, nos mantenemos
a través de nuestras propias contribuciones. Jugadores Anónimos no está aliado con ninguna secta,
creencia política, organización o institución y no quiere comprometerse en
ninguna controversia; ni respalda ni se opone a ninguna causa. Nuestro propósito
fundamental es detener el juego y ayudar a que otros jugadores compulsivos hagan
lo mismo.
La
mayoría de nosotros no hemos estado dispuestos a reconocer que éramos
jugadores como un verdadero problema. A nadie le gusta creer que es distinto a
sus compañeros. Entonces no es sorprendente que nuestra carrera de jugadores se
ha caracterizado por innumerables intentos vanos para comprobar que podíamos
jugar como otras personas. La idea que de alguna manera, algún día, vamos a
controlar el juego es la gran obsesión de todo jugador compulsivo. La
persistencia de esta ilusión es sorprendente. Muchos la persiguen hasta llegar
a las rejas de la cárcel, la locura o la muerte.
Nos dimos cuenta que teníamos que admitir completamente en lo más íntimo
de nosotros que somos jugadores compulsivos. Este es el primer paso en nuestra
recuperación. Con respecto al juego, la ilusión que somos como otras personas
o que eventualmente lo podamos ser, tiene que ser destruido.
Hemos perdido la capacidad para controlar el juego. Sabemos que el
verdadero jugador compulsivo, nunca recobra el control. Todos nosotros sentimos
a veces que estábamos recuperando el control, pero tales intervalos –
usualmente breves – eran inevitablemente seguidos por momentos de menos
control aún, que conducían a la larga a una desmoralización incomprensible y
triste. Estamos convencidos que los jugadores de nuestro tipo están en los puños
de una enfermedad progresiva. A través del tiempo nos empeoramos, nunca nos
mejoramos.
Entonces, para llevar a cabo una vida feliz y normal, tratamos de practicar lo mejor que podemos, ciertos principios en nuestros asuntos diarios.